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Noticias del sector
  • La IA y la geopolítica impulsan una nueva ola de inversión en ciberseguridad
    en 5 de noviembre de 2026 a las 10:23

    El estudio, elaborado a partir de las respuestas de 3.934 líderes de negocio, tecnología y seguridad de 71 países, entre ellos 116 directivos españoles, señala que la inteligencia artificial se ha convertido en el principal destino de estas inversiones. El 58% de las organizaciones a nivel global y el 52% de las españolas sitúan la IA entre sus principales prioridades presupuestarias en materia de ciberseguridad. Sin embargo, la IA no solo aparece como una herramienta para reforzar la defensa digital, sino también como un nuevo vector de riesgo. Por primera vez, los ataques dirigidos contra sistemas de inteligencia artificial encabezan la lista de amenazas para las que las empresas se sienten menos preparadas. Así lo reconoce el 50% de los responsables de seguridad consultados a nivel global y el 57% en España. Entre los riesgos más preocupantes destacan las redes de dispositivos comprometidos controladas por IA, los ataques adversarios y el envenenamiento de datos. En el caso español, el 48% de los encuestados señala los ataques adversarios como una de sus principales preocupaciones, mientras que el 47% cita el malware adaptativo impulsado por inteligencia artificial. A mayor tensión geopolítica, mayor necesidad de protección La creciente tensión geopolítica también está influyendo de forma decisiva en las estrategias de protección. El informe destaca que los ciberataques promovidos por actores estatales se extienden cada vez más allá de los entornos puramente digitales para afectar a tecnologías operacionales e infraestructuras críticas. Como consecuencia, el 50% de las compañías está revisando la gestión del riesgo de proveedores, terceros y cadenas de suministro, porcentaje que se eleva al 56% entre las empresas españolas. Otro de los desafíos emergentes identificados por el estudio es la computación cuántica. A pesar de las implicaciones que esta tecnología podría tener para los actuales sistemas criptográficos, solo el 21% de las empresas en todo el mundo, y el 22% en España, está implantando medidas de seguridad resistentes a la computación cuántica. En paralelo, un 44% de las organizaciones españolas continúa evaluando el impacto potencial de esta tecnología. La mitad de las organizaciones españolas tienen planes de continuidad de negocio PwC advierte además de que el incremento de la inversión por sí solo no garantiza una mayor resiliencia. Actualmente, solo el 39% de los responsables de seguridad, riesgos y operaciones afirma contar con planes de continuidad del negocio plenamente formalizados e integrados para responder a incidentes de ciberseguridad. España presenta una situación más favorable, con un 50% de las organizaciones que afirman disponer de estos mecanismos. “La ciberresiliencia debe consolidarse como un pilar estratégico del negocio, integrado desde el primer momento en la toma de decisiones de la alta dirección”, afirma Jesús Romero, socio responsable de Soluciones de Seguridad de Negocio en PwC España. El directivo advierte de que muchas compañías todavía no están preparadas para afrontar las amenazas de un entorno digital cada vez más complejo, aunque aquellas que logren anticiparse podrán innovar con mayor confianza y garantizar mejor su continuidad operativa. El informe también observa una mayor implicación de los equipos directivos en la supervisión de los riesgos cibernéticos. No obstante, esta preocupación aún no se traduce de forma consistente en las decisiones empresariales: aunque nueve de cada diez líderes aseguran contar con mecanismos de supervisión, solo el 34% a nivel global y el 41% en España considera que las decisiones de negocio incorporan habitualmente una evaluación específica del riesgo cibernético. El estudio concluye que la ciberseguridad está dejando de ser una cuestión exclusivamente tecnológica para convertirse en un elemento estratégico que condiciona la capacidad de las organizaciones para innovar, crecer y operar en un contexto marcado por la inteligencia artificial, la complejidad regulatoria y la incertidumbre geopolítica.

  • Especial Ciberseguridad y gestión del riesgo 2026
    en 5 de noviembre de 2026 a las 10:06

    La inteligencia artificial agente, las tensiones geopolíticas, el endurecimiento regulatorio y la convergencia entre IT y OT están redefiniendo el panorama de la ciberseguridad. Con el objetivo de ayudar a los CISO, CIO y otros responsables y profesionales de tecnología a entender estos cambios, CSO, la sección de seguridad de la información de COMPUTERWORLD ESPAÑA, ha publicado el especial Ciberseguridad y gestión del riesgo 2026, con reportajes, análisis y tribunas que exploran los principales desafíos que afrontan las organizaciones en materia de protección digital y resiliencia empresarial. El especial pone el foco en cómo la seguridad ha dejado de ser un asunto exclusivamente tecnológico para convertirse en una cuestión estratégica de negocio. Entre los contenidos destacados figura La IA agente redefine la ciberseguridad con nuevos desafíos para las organizaciones, que analiza el impacto de una nueva generación de sistemas de inteligencia artificial capaces de actuar de forma autónoma, así como los riesgos emergentes que conllevan. La gestión del riesgo ocupa también un lugar central en la publicación. Artículos como Riesgo cibernético: de problema puntual a amenaza estructural y la tribuna Ciberseguridad: de proteger la tecnología a gestionar el riesgo del negocio profundizan en la necesidad de abordar la ciberseguridad desde una perspectiva integral que conecte la protección tecnológica con la continuidad operativa y los objetivos corporativos. El contexto internacional tampoco queda al margen. En La nueva guerra fría digital, el especial examina cómo la rivalidad geopolítica y la fragmentación tecnológica influyen en las estrategias de seguridad, la soberanía digital y la protección de infraestructuras críticas. Junto a ello, el monográfico analiza el creciente peso de la regulación y el cumplimiento normativo en un entorno marcado por marcos como NIS2, DORA o el Reglamento de IA. En este contexto, el reportaje El cumplimiento tecnológico deja de ser obligación y se convierte en estrategia empresarial muestra cómo las organizaciones están transformando las exigencias regulatorias en una ventaja competitiva. El factor humano es otro de los grandes ejes del especial. Contenidos como Concienciación continua: el pilar más decisivo de la ciberseguridad y La ciberseguridad ha creado fatiga de amenazas y eso pone en peligro a las empresas analizan el papel de los empleados en la defensa corporativa y los riesgos derivados de la sobresaturación de alertas y amenazas. Además, la publicación aborda cuestiones clave para sectores industriales y entornos críticos, como la creciente exposición derivada de la integración entre tecnologías operacionales e IoT, analizada en La convergencia entre OT e IoT amplía la superficie de ataque de las infraestructuras industriales. El especial se completa con recomendaciones prácticas para pequeñas empresas y autónomos en Ciberseguridad realista para pymes y personas autónomas: los incuestionables, un análisis de las Tendencias clave que definen el mercado de la ciberseguridad en la actualidad y reflexiones sobre los nuevos retos que plantea la inteligencia artificial en la toma de decisiones empresariales, como recoge la tribuna Cuando la IA engañe a la IA: de proteger sistemas a proteger decisiones. Con este especial, CSO/COMPUTERWORLD ofrece una visión completa de un escenario en el que la ciberseguridad ya no consiste únicamente en evitar ataques, sino en gestionar el riesgo de un negocio cada vez más digital, interconectado y dependiente de la confianza.

  • A new bill could change how the US builds energy infrastructure 
    por Casey Crownhart en 5 de noviembre de 2026 a las 10:00

    A sweeping bit of legislation designed to cut red tape could speed up the buildout of energy infrastructure in the US. With the dust barely settled on this week’s momentous midterms, the Senate is set to vote on the Bipartisan American Affordability and Jobs Act (BAAJA) on November 9. It’s a plan that could finally…

  • Cómo debería ser una estrategia de seguridad que perdure más allá de 2027
    en 5 de noviembre de 2026 a las 09:59

    Jeremy Koppen, director de seguridad de la información (CISO) de Equifax, observa la misma dinámica a la que se enfrentan la mayoría de los responsables de seguridad: por un lado, los piratas informáticos utilizan la inteligencia artificial (IA) para llevar a cabo ataques más sofisticados a una velocidad sin precedentes; por otro, los defensores la adoptan para hacer frente a ese volumen y esa velocidad. Koppen es de la opinión de que “la IA está cambiando el ritmo en ambos bandos”. Es de los que cree que “los atacantes la utilizan para actuar a mayor escala, y Equifax la utiliza para innovar más rápidamente”. Durante el próximo año, Koppen seguirá desarrollando la estrategia de seguridad de Equifax para adaptarse a un entorno de amenazas cada vez más dinámico. A su juicio, “eso significa aprovechar la seguridad ya integrada en todo nuestro proceso de diseño y desarrollo, de modo que las comprobaciones se realicen de forma temprana y automática”, explica, para añadir: “También implica ampliar el uso de la IA en nuestras propias operaciones de seguridad para gestionar el trabajo rutinario, de modo que nuestros expertos puedan centrarse en las amenazas y las iniciativas que más importan. Si se hace bien, la seguridad se convierte en uno de los motivos por los que un producto puede lanzarse antes”. En cuanto a la creciente presencia de agentes de IA en los flujos de trabajo empresariales, Koppen afirma que “los controles de identidad son fundamentales” para su estrategia de seguridad de 2027. “En todo el sector, cada vez más actividad en las redes empresariales proviene ahora de agentes de IA, bots y flujos de trabajo automatizados, y la mayoría de los controles de seguridad tradicionales se diseñaron pensando en un usuario humano”, explica, para continuar: “Por eso estamos aplicando a estas identidades la misma verificación rigurosa que aplicamos a las personas”. Al igual que otros líderes de seguridad con amplia experiencia, Koppen sabe que su estrategia de seguridad informática debe evolucionar para abordar algo más que la IA. La geopolítica, la llegada prevista de la computación cuántica y los sistemas cada vez más interconectados también están cambiando el panorama de amenazas y la superficie de ataque a veces de forma radical, y deberían impulsar cambios estratégicos igualmente. Esto, a su vez, está ejerciendo presión sobre los CISO para que se replanteen sus prácticas, políticas y enfoques, ahora que nos encaminamos hacia un nuevo año que probablemente será, como mínimo, tan agitado como lo ha sido 2026. Omar Khawaja, CISO, miembro del cuerpo docente del programa de CISO de la Universidad Carnegie Mellon y miembro del consejo de administración de HITRUST y del FAIR Institute, estima que “los CISO se dan cuenta de que necesitan transformarse, porque su situación actual no funciona. Y va a ser una transformación bastante significativa en los próximos años para que los CISO tengan éxito”. Por supuesto, Khawaja señala que la transformación, como siempre, es un proceso en curso. Por ello, muchos responsables de seguridad siguen analizando qué debe cambiar en 2027 y cómo llevar a cabo esos cambios. Aun así, Khawaja, Koppen y otros subrayan que la transformación no es una opción; la seguridad de la organización depende de la evolución estratégica de sus equipos de ciberseguridad. Entonces, ¿qué es lo que tiene que cambiar exactamente? Los responsables de seguridad señalan elementos concretos que no funcionarán tan bien en el próximo año y lo que debe ponerse en marcha en su lugar para proteger de forma más adecuada a la organización en 2027 y más allá. Hay que acabar con las credenciales estáticas Koppen cree que las credenciales estáticas están en vías de desaparición. “Por muy estricta que sea la política, las contraseñas se acaban pareciendo al nombre del equipo deportivo favorito o a la temporada actual con un signo de exclamación al final. Eso las convierte en objetivos fáciles para los ataques de fuerza bruta”, afirma. En este sentido, señala que su empresa ha eliminado las contraseñas para sus 22.000 empleados y colaboradores y ahora está ampliando su estándar sin contraseñas a sus clientes B2B. Hay que automatizar más tareas manuales del SOC La nueva consigna para los equipos de seguridad es actuar a la velocidad de las máquinas. “Ya no somos capaces de hacer frente a los ataques y las vulnerabilidades de forma manual. La IA lo está haciendo imposible”, afirma Bill Hunkapiller, CISO de la Universidad Estatal de Florida. Su estrategia de seguridad refleja esta nueva realidad. Desde hace meses ha estado implementando agentes autónomos para sustituir las tareas rutinarias de las operaciones de seguridad, y sus planes para 2027 prevén ampliar el número de tareas gestionadas por máquinas. La mayoría de los CISO sigue este camino. El informe State of Incident Response Readiness de Sygnia reveló que el 32% de las organizaciones hace un uso extensivo de la IA en la mayoría o en todas las actividades de detección de amenazas y respuesta a incidentes (IR), frente al 25% en 2025. Además, el 63% espera haber implantado un uso generalizado de la IA para las actividades de detección de amenazas y respuesta a incidentes en 2027. Las puntuaciones genéricas de gravedad han quedado obsoletas Koppen afirma que las puntuaciones genéricas de gravedad ya no son eficaces. En su opinión, “la calificación de “crítico” de un proveedor no tiene en cuenta si un sistema contiene datos sensibles, está expuesto al exterior o se encuentra protegido por otros controles”, afirma. Además, señalan que Equifax cuenta con su propio motor cuantitativo de riesgo que tiene en cuenta ese contexto, de modo que sus equipos “puedan centrarse en los problemas que suponen un riesgo real para la empresa”. Hunkapiller, que también es director de privacidad y profesor adjunto en la FSU, considera también que es necesario comprender cómo las vulnerabilidades y exposiciones comunes suponen un riesgo para su organización en particular, en lugar de basarse únicamente en las calificaciones. Con ese fin, está explorando servicios que podrían crear un gemelo digital de su entorno para simular cómo los hackers podrían explotar las vulnerabilidades de su organización. Este servicio proporcionaría a Hunkapiller información casi en tiempo real sobre qué vulnerabilidades suponen los riesgos más significativos para la FSU, lo que le permitiría priorizar con precisión su corrección rápida, afirma. Hasta la fecha, dice estar impresionado con esta capacidad y afirma que para nada es “una gestión de la superficie de ataque potenciada al máximo”. La aplicación continua de parches es ahora el objetivo En el ámbito de la ciberseguridad, el término Patch Tuesday hace referencia a la práctica de reservar un día concreto de la semana, tradicionalmente el martes, para aplicar las actualizaciones y correcciones de seguridad que solucionan vulnerabilidades de software. Aunque hoy los equipos de seguridad ya no necesariamente concentran esta tarea en una jornada específica, muchas organizaciones siguen gestionando la aplicación de parches conforme a calendarios preestablecidos. El problema es que este proceso continúa siendo lento: a muchas empresas les lleva todavía varias semanas corregir los fallos. Según el Informe de Investigaciones sobre Fugas de Datos de 2026 de Verizon, la mediana del tiempo necesario para corregir vulnerabilidades conocidas y explotadas ha aumentado hasta los 43 días, frente a los 32 registrados en 2025. Para Hugh Thompson, director de programas de la Conferencia RSA, eso no será aceptable en 2027. “Solíamos aplicar los parches de forma muy metódica. Si salía uno para un sistema, no queríamos implementarlo de inmediato [por miedo] a que pudiera causar algún fallo. Así que nos tomábamos nuestro tiempo, lo probábamos y programábamos el trabajo. Eso ya no va a funcionar, porque la velocidad a la que estos atacantes que utilizan IA pueden aprovechar las vulnerabilidades o descubrir otras nuevas es mayor que nunca”, afirma. Por eso, considera, “necesitamos automatizar la aplicación de parches”. Jason Rader, CISO de Insight, especialista en soluciones tecnológicas e integradora de sistemas, ha acelerado el programa de aplicación de parches de su empresa. Con esto ha reducido los plazos de aplicación a siete días para sus componentes más críticos. Un logro significativo teniendo en cuenta el tamaño del entorno de TI y el número de parches que se publican. Aun así, quiere mejorar aún más: afirma que su objetivo es aumentar la velocidad de aplicación de parches en todas las áreas del entorno informático para 2027 y señala que le gustaría llegar, con el tiempo, a una aplicación continua de parches. Hay que acabar con el trato diferenciado entre agentes e identidades de red (NHI) Rader reconoce que, viendo cómo los agentes de IA realizan cada vez más tareas que, hasta hace poco, llevaban a cabo personas, resulta cada vez más evidente que la seguridad no puede tratar las identidades de las máquinas, ya sean agentes, sistemas o API, de forma diferente a como se trata a las personas. Con ese fin, ya está “gestionando a los agentes como si fueran personas”, prestando la misma atención a la gestión de la identidad y los permisos asociados. Es decir, al acceso a los datos y sistemas para garantizar que cada entidad pueda acceder únicamente a lo que corresponde a su función. Esto, según Rader, incluye gestionar las identidades de las máquinas a lo largo de todo su ciclo de vida, tal y como debe hacerse con los trabajadores humanos, y aplicar una gobernanza adecuada. La agilidad y la adaptabilidad deben formar parte de la estrategia para 2027 Algunos CISO siguen adoptando un enfoque de “configurar y olvidarse” con respecto a las políticas, los procedimientos y las normas, tal y como explica Prakash Venkata, socio especializado en riesgos cibernéticos, de datos y tecnológicos en PWC y responsable del área de seguridad, riesgos e ingeniería de la firma. Según este especialista, dicho enfoque nunca ha funcionado bien, ya que siempre ha sido necesario mejorar y adaptar las políticas, los procedimientos y las normas a medida que cambiaban el panorama de amenazas y la superficie de ataque. Pero el ritmo del cambio es ahora tan rápido que los CISO deben incorporar la agilidad y la adaptabilidad en sus estrategias simplemente para mantenerse al día y cumplir con los estándares del sector. Thompson también aboga por la necesidad de una mayor agilidad en las estrategias de seguridad y aconseja a los responsables de seguridad que estar preparados “para una agilidad mayor de la que teníamos que tener o podíamos soportar en el pasado, porque surgirán problemas que no se pueden anticipar”. Además, también señala que los CISO deben colaborar con otros departamentos, como el de compras, para dotar a la seguridad de esa agilidad necesaria. Por ejemplo, si el CISO necesita adquirir e implementar rápidamente nueva tecnología para reducir un riesgo identificado recientemente o defenderse de una amenaza emergente, necesitará asimismo que los procedimientos de compras se muevan con la misma rapidez con la que debe actuar la seguridad. Las estrategias de seguridad y gobernanza de la IA aisladas quedan obsoletas James Lyne, director ejecutivo de SANS, una organización dedicada a la formación y certificación en materia de seguridad, reconoce que se ha producido un aumento de las estrategias de gobernanza y seguridad de la IA que están desvinculadas de la estrategia global de gobernanza y seguridad de la organización. Lyne considera fundamental la atención prestada a la gobernanza y la seguridad de la IA. Sin embargo, opina que contar con estrategias de gobernanza y seguridad de la IA totalmente separadas resultará cada vez más perjudicial a partir de 2027. Esto se debe a que no son diferentes ni independientes de la gobernanza y la seguridad de la empresa. En su opinión, “una aplicación de IA expuesta a entradas maliciosas es un problema de seguridad de la aplicación”. Es más, creee que los agentes de IA accedan a elementos no autorizados es un problema de gestión de privilegios y de seguridad operativa [no menor que] si las personas tuvieran acceso no autorizado”. Para garantizar que las organizaciones cuenten con un enfoque eficaz y coordinado de la gobernanza y la seguridad, capaz de proteger a toda la organización, en el que los elementos funcionen conjuntamente sin compartimentos estancos ni redundancias, Lyne considera que los CISO y sus organizaciones necesitan una estrategia de seguridad unificada que abarque a todos los actores. “Ya sean personas, servicios de software, agentes de IA o flujos de trabajo automatizado”, dice para concluir.

  • Ciberseguridad: de proteger la tecnología a gestionar el riesgo del negocio
    en 5 de noviembre de 2026 a las 09:45

    Esta realidad está cambiando también la forma en la que las organizaciones entienden la seguridad. Desde nuestra perspectiva en Kyocera Document Solutions, donde trabajamos para ayudar a las organizaciones a desarrollar entornos de trabajo más eficientes, seguros y conectados, esta evolución es especialmente relevante. La tecnología debe responder a las necesidades del negocio, pero también garantizar que los procesos, la información y los sistemas que los hacen posibles estén protegidos. Durante años, el debate se centró en proteger infraestructuras, dispositivos y aplicaciones frente a amenazas externas. Esa protección sigue siendo imprescindible, pero ya no es suficiente. La superficie de ataque se ha ampliado, las organizaciones dependen de más tecnologías y proveedores y la información circula por entornos cada vez más distribuidos. Por eso, hablar de ciberseguridad implica hablar también de riesgo empresarial. Y ahí es donde la relación entre CIO y CISO adquiere una nueva dimensión. El riesgo tecnológico es riesgo de negocio Una de las principales evoluciones que estamos viendo es que la seguridad empieza a formar parte de las conversaciones de dirección. Ya no se trata únicamente de saber cuántos incidentes se han producido o cuántas amenazas se han bloqueado. La pregunta es qué impacto puede tener un determinado riesgo sobre la actividad de la compañía y qué capacidad tenemos para prevenirlo, detectarlo y recuperarnos. Este cambio obliga a conectar dos perspectivas. El CISO aporta el conocimiento especializado sobre amenazas, vulnerabilidades, controles y cumplimiento. El CIO, por su parte, debe entender cómo esas decisiones afectan a la arquitectura tecnológica, a los procesos y a los objetivos del negocio. Cuando ambas perspectivas trabajan de forma aislada, es fácil que aparezcan fricciones. Cuando se integran desde el principio, la organización puede tomar decisiones de riesgo mucho más informadas. Por eso, la relación entre CIO y CISO no debería construirse sobre una lógica de auditor y auditado. La seguridad no puede ser una revisión que llega al final de un proyecto, sino una variable que forma parte de la decisión desde el principio. La seguridad empieza antes de la tecnología Esto resulta especialmente relevante cuando una organización incorpora nuevas capacidades tecnológicas. Cloud, inteligencia artificial, automatización, movilidad o nuevas aplicaciones pueden aportar eficiencia y nuevas oportunidades, pero también introducen dependencias, accesos, datos y posibles puntos de exposición. La respuesta no debería ser frenar estas iniciativas hasta eliminar cualquier riesgo. Eso no es realista. El objetivo debe ser conocer el riesgo, decidir cómo mitigarlo y establecer qué nivel es asumible para el negocio. Para conseguirlo, la seguridad debe incorporarse desde el diseño. Identidad, permisos, protección de datos, monitorización, continuidad o recuperación no deberían ser elementos que se añaden cuando una solución ya está desplegada. Deben formar parte de su arquitectura. Esta aproximación permite algo fundamental: que la seguridad acompañe a la innovación en lugar de convertirse en una barrera para ella. Identidad, datos e inteligencia artificial Hay tres ámbitos que están acelerando especialmente este cambio: identidad, datos e inteligencia artificial. La identidad se ha convertido en uno de los principales perímetros de seguridad. En organizaciones donde las personas acceden a aplicaciones desde diferentes ubicaciones y dispositivos, proteger únicamente la infraestructura ya no es suficiente. Hay que saber quién accede, a qué información y bajo qué circunstancias. Los datos representan otro desafío. Su valor para las organizaciones crece, pero también lo hace la necesidad de controlar dónde están, quién puede utilizarlos y cómo se protegen. Y la inteligencia artificial añade una nueva capa de complejidad. Su adopción plantea cuestiones relacionadas con los datos que utilizan los modelos, la privacidad, los accesos, la trazabilidad y el uso que hacen de estas herramientas los empleados. En todos estos ámbitos, seguridad y tecnología necesitan avanzar conjuntamente. No podemos esperar a que aparezca el riesgo para reaccionar. De la prevención a la resiliencia Pero incluso con las mejores medidas de protección, ninguna organización puede asumir que estará completamente libre de incidentes. La pregunta, por tanto, no debería ser únicamente cómo evitar un ataque, sino también qué capacidad tenemos para responder cuando ocurra y cuánto tardaremos en recuperar la actividad. La resiliencia se convierte así en una parte esencial de la estrategia de ciberseguridad. Esto implica conocer los procesos críticos, identificar las dependencias tecnológicas, establecer mecanismos de recuperación y probar periódicamente que funcionan. También implica tener claro quién toma las decisiones durante un incidente y cómo se comunica la organización. Aquí vuelve a ser fundamental la colaboración entre CIO y CISO. La respuesta ante un incidente no puede limitarse a una cuestión técnica. Requiere entender qué sistemas son críticos, qué procesos deben recuperarse primero y qué impacto tiene cada decisión sobre la continuidad del negocio. Una responsabilidad compartida El gran cambio, en definitiva, consiste en dejar de entender la ciberseguridad como una capa que protege la tecnología y empezar a considerarla como una capacidad que protege la continuidad y la evolución del negocio. Eso requiere una responsabilidad compartida. El CISO no puede ser únicamente quien identifica riesgos y establece controles. El CIO tampoco puede considerar la seguridad como una validación que debe superar antes de poner una solución en producción. Ambos necesitan participar en una misma conversación: qué queremos conseguir, qué riesgos implica, qué nivel de exposición estamos dispuestos a asumir y qué debemos hacer para avanzar de forma segura. En un entorno en el que la tecnología es cada vez más determinante para competir, la ciberseguridad no puede plantearse como el precio que hay que pagar por innovar. Debe formar parte de la propia capacidad de innovación. En Kyocera entendemos que la tecnología debe ayudar a las organizaciones a trabajar mejor, con procesos eficientes y con la confianza necesaria para desarrollar su actividad. Esa confianza requiere integrar la seguridad en las decisiones tecnológicas, proteger la información y anticiparse a los riesgos, sin perder de vista las necesidades reales del negocio. El reto para los CIO y los CISO es avanzar en esa misma dirección: pasar de una seguridad que reacciona ante el riesgo a una estrategia que lo contempla desde el principio. Porque proteger el negocio no significa únicamente defender sus sistemas, sino preservar su capacidad para operar, adaptarse y seguir avanzando incluso cuando surgen imprevistos. > El autor de este artículo es Pedro Redondo es ICT Business Director en Kyocera Document Solutions España, donde lidera la División de Tecnología con plena responsabilidad sobre la estrategia y la cuenta de resultados, al frente de un amplio equipo de profesionales de venta y delivery. Es además miembro del Comité de Dirección. Con más de 30 años de experiencia en IT, consultoría y telecomunicaciones, ha ocupado puestos de dirección en Knowmad Mood, UST y Vodafone Business, donde dirigió equipos comerciales para grandes multinacionales de los sectores industrial, logístico, automoción y alta tecnología. Ingeniero Informático, MBA y certificado PMP, completó además un programa de alta dirección en negocio digital.

  • Cuando la IA engañe a la IA: de proteger sistemas a proteger decisiones
    en 5 de noviembre de 2026 a las 09:43

    Durante años, la ciberseguridad se ha ocupado de evitar que los sistemas hagan aquello para lo que no fueron diseñados o autorizados. Después entendimos que, a menudo, era más sencillo engañar al usuario que atacar la tecnología. El phishing, el robo de credenciales o el fraude del CEO lo demostraron. La incorporación de agentes de inteligencia artificial a los procesos empresariales abre un escenario distinto. Ya no hablamos solo de herramientas capaces de generar contenidos o responder preguntas. Un agente puede consultar documentación interna, acceder a bases de datos, utilizar aplicaciones corporativas y ejecutar determinadas operaciones. Puede disponer de identidad, permisos y capacidad de actuación. Desde la perspectiva de un atacante, esto lo convierte en un objetivo especialmente interesante. ¿Por qué intentar convencer a un empleado para que realice una operación si es posible manipular la información que utiliza un agente autorizado para ejecutarla? El problema no se limita a comprometer el modelo o la infraestructura. Puede bastar con alterar una fuente que la IA considere fiable: un documento incorporado a una base de conocimiento, una página consultada por el agente, una memoria persistente o la información recuperada por un sistema RAG. El sistema puede funcionar con normalidad y construir su respuesta sobre un contexto manipulado. Pensemos en un agente que participa en un proceso de compras. Consulta el ERP, compara ofertas, revisa contratos y accede a las políticas internas antes de recomendar un proveedor. Si uno de los documentos que utiliza ha sido alterado, podría interpretar como favorable una condición que no lo es y proponer una adjudicación perjudicial para la empresa. En ese escenario, la identidad puede estar validada, la autorización correctamente configurada y la plataforma protegida. No tiene por qué existir malware, una vulnerabilidad explotada o un robo de credenciales. Todo funciona como fue diseñado, excepto la decisión. Por eso, una estrategia de ciberseguridad que contemple el uso de la IA no puede terminar en la protección de la infraestructura, los modelos o los datos. También debe contemplar la procedencia de la información, la fiabilidad del contexto, los límites de autonomía y los controles aplicados antes de convertir una recomendación en una acción. No se trata de supervisar cada respuesta ni de frenar la automatización. Se trata de ajustar los controles al riesgo: registrar cómo se construyen las decisiones, restringir las herramientas disponibles, separar funciones y mantener validación humana cuando las consecuencias lo justifiquen. En organizaciones donde las máquinas empiezan a observar, interpretar, recomendar y actuar, proteger el sistema ya no será suficiente. Tendremos que proteger también el proceso que construye la decisión. José María Ochoa, Cybersecurity Area Director de OneseQ (el área de ciberseguridad de Alhambra IT), tiene estudios de Ingeniería Técnica Informática y posee un Master en Desarrollo Directivo por el Instituto de Empresa. Ha desarrollado por completo su carrera profesional dentro de Alhambra IT, ocupando posiciones de Account Manager, Busniness Area Manager, Sales Manager, Director de Estrategia y Director del Área de Ciberseguridad. En la actualidad, además de ser el Director de OneseQ, área de ciberseguridad de la compañía, participa en diversos proyectos asociados a ‘cyber‘, como la creación del primer laboratorio ‘blockchain’ en España (LAB_SEC_Blockchain). Desde diciembre de 2020, Ochoa ejerce como profesor asociado UAM (Universidad Autónoma de Madrid) en la Facultad de Formación al profesorado.

  • Ciberseguridad realista para pymes y personas autónomas: los incuestionables
    en 5 de noviembre de 2026 a las 09:33

    Ser persona autónoma o estar al frente de una pyme supone asumir un montón de tareas, más allá del propio negocio: contabilidad, fiscalidad y presupuestos, la relación con la clientela, el equipo humano —cuando lo hay— y, hoy en día, posiblemente una parte de redes sociales y comunicación. Hay otro aspecto que no siempre se tiene en cuenta pero que tiene un papel esencial: la ciberseguridad. Los ataques a la cadena de suministro están a la orden del día como una de las herramientas favoritas de cibercriminales para comprometer grandes negocios, y en este escenario, pymes y personas autónomas resultan especialmente vulnerables. Por eso resulta esencial prestarle atención. Según los datos del Instituto Nacional de Ciberseguridad, el INCIBE, en 2025 su centro de respuesta gestionó un total de 122.223 incidentes de ciberseguridad entre la ciudadanía y el sector privado —un 26% más que en 2024—. En concreto, este último está enfrentando un nivel de amenazas significativo: de acuerdo a un estudio de Hiscox de 2025, seis de cada diez pymes españolas sufrieron un ciberataque al menos durante el año anterior al estudio, detectándose que incluso entre las más pequeñas, las de uno a diez trabajadores, la media era de cuatro ataques en ese periodo. Proteger a las pequeñas empresas Ante la (equivocada) idea de que solo los grandes negocios están en el centro de la diana de cibercriminales, desde la Cyberzaintza son tajantes. “La ciberseguridad afecta a cualquier organización, independientemente de su tamaño. Una pyme o una persona autónoma gestiona información, credenciales, facturación y datos de clientes y proveedores que pueden ser de interés para los ciberdelincuentes”, apuntan por mail. La Agencia Vasca de Ciberseguridad pone el foco en los efectos que estos incidentes pueden suponer para pequeñas empresas: pérdidas económicas, robo de información, interrupción de la actividad o daños reputacionales. En ciberseguridad, “hay una responsabilidad colectiva” entre grandes y pequeñas empresas y personas autónomas “Además, una organización comprometida puede convertirse en una vía de acceso hacia clientes o proveedores. Por ello, la ciberseguridad debe entenderse también como una cuestión de continuidad de negocio y confianza”, destacan. Coincide —también por correo— Ana Fernández Vilas, catedrática de la Escuela de Ingeniería de Telecomunicación de la Universidade de Vigo. “Hoy las empresas no funcionan de manera aislada. Podemos tener grandes empresas que invierten muchos recursos en protegerse, pero si trabajan con pequeños proveedores que no cuentan con las mismas medidas de seguridad, esa protección puede verse comprometida” Vilas, quien también es directora de la Cátedra R en Ciberseguridad, resalta cómo una pequeña empresa puede convertirse en la puerta de entrada para atacar a otra mucho mayor. “Por eso creo que hay una responsabilidad colectiva. No basta con que las grandes empresas estén bien protegidas; también tenemos que preocuparnos de que las pequeñas empresas y los autónomos tengan medios para protegerse”. “En España, las pequeñas empresas y los autónomos se enfrentan a ciberamenazas que, normalmente, buscan el robo de credenciales o datos de la empresa y de sus clientes/proveedores”, añade por correo Josep Albors, responsable de Investigación y Concienciación de Ontinet.com, distribuidor exclusivo de ESET en España y Andorra, quien destaca cómo se sirven de correos de phishing “cada vez mejor redactados”. “Incluso, es perfectamente posible que el remitente sea una dirección de confianza de un cliente o proveedor que ha sido previamente comprometido”. Albors suma el ransomware como amenaza. “El robo y secuestro de la información puede suponer la perdida de datos importantes y de cuantiosas sumas de dinero tratando de recuperar la información cifrada o afrontando las multas derivadas de un incidente en el que se haya comprometido la información confidencial de clientes, por no hablar del daño reputacional”. También el informe de Hiscox se para en el ransomware, especificando que pagar no siempre resolvió el incidente: de las pymes que desembolsaron el rescate, a una de cada tres se les exigió más dinero. Y desde el INCIBE advierten del papel de herramientas como el correo electrónico en la propagación de incidentes, al ser uno de los mecanismos de trabajo habituales de pymes y personas autónomas: como se utilizan frecuentemente, su uso se vuelve mecánico y se vigilan menos. Desde la Cyberzaintza añaden, además del phishing, otras técnicas de ingeniería social, el robo de credenciales o la explotación de vulnerabilidades en sistemas desactualizados. “En muchos casos, los ciberdelincuentes buscan que una persona facilite una contraseña, abra un archivo malicioso o realice un pago creyendo que la solicitud es legítima. Por eso, junto con la tecnología, la formación y la concienciación de las personas son fundamentales”, inciden. Ante la duda de qué obligaciones legales pueden tener, destacan que no hay “una lista de medidas tecnológicas obligatorias idéntica” para todas, aunque sí se señala la necesidad de cumplir, en materia de protección de datos, con el RGPD y la LOPDGDD, para lo que se deben “adoptar medidas técnicas y organizativas adecuadas al riesgo cuando se tratan datos personales. Además, en función del sector, la actividad y las características de la organización, pueden existir obligaciones adicionales en materia de ciberseguridad”. La agencia vasca recuerda que, al menos desde un enfoque práctico, “cualquier negocio debería contar con una protección básica”, dentro de lo que incluyen “control de accesos, sistemas actualizados, antivirus, copias de seguridad y procedimientos de respuesta ante incidentes. El objetivo es adoptar medidas proporcionadas a los riesgos y a la información que gestiona cada organización”. Albors incide en la necesidad de contar con un procedimiento que asegure una comunicación ante las autoridades de incidentes en como máximo 72 horas, y añade la necesidad de “contar con una base jurídica para utilizar los datos, informar a las personas, facilitar el ejercicio de sus derechos, formalizar contratos con los proveedores que los traten por su cuenta y mantener un registro de actividades cuando corresponda”. IA y otras tecnologías Pero… ¿Cómo puede un negocio pequeño, que apenas cuenta con un presupuesto básico para mantener su parte TI, organizar toda la parte de ciberseguridad? Aquí entran en juego distintas tecnologías, como la IA. Porque el auge en el uso de la inteligencia artificial en los últimos tiempos está afectando también en ciberseguridad, “tanto para los actores que atacan como para los que defienden nuestra sociedad digital”, como desarrolla Fernández Vilas, quien destaca el papel de la IA agentiva en este escenario: “No se limita a analizar información o ayudarnos a tomar decisiones, sino que también puede planificar y ejecutar acciones de forma autónoma. Esto puede ser una gran oportunidad para automatizar la defensa, especialmente en pymes que no disponen de muchos recursos”. Vilas repasa la contrapartida de su uso en ciberdelincuencia, sobre lo que recuerda que “no jugamos con las mismas reglas: quienes utilizamos la IA de forma legítima tenemos que respetar límites legales y éticos que los delincuentes simplemente ignoran”. También desde la Cybertzaintza alertan de este problema, al facilitar la creación de mensajes fraudulentos más convincentes y personalizados, lo que dificulta identificar determinados intentos de fraude o suplantación, y al automatizar y sofisticar los ataques. “Ante solicitudes relacionadas con pagos, credenciales o información confidencial, resulta especialmente importante detenerse y verificar la petición por un segundo canal”, aconsejan. Como tercera pata, profundizan en su integración por pymes y personas autónomas, llamando a “un uso seguro y responsable de estas herramientas, basado en la regulación de su uso, el análisis de riesgos, la protección de la información y la supervisión humana”. La agencia vasca incide, sin embargo, en que “una protección eficaz no tiene por qué partir de soluciones complejas ni de grandes inversiones”. Apunta a medidas como la autenticación multifactor, las actualizaciones automáticas, las copias de seguridad y las herramientas de protección de dispositivos y de correo electrónico. “Lo fundamental es priorizar: antes de incorporar soluciones avanzadas, es importante asegurarse de que las medidas básicas están correctamente implantadas y se mantienen en el tiempo”. Pymes y personas autónomas deben contemplar que “una protección eficaz no tiene por qué partir de soluciones complejas ni de grandes inversiones” Entre esas medidas básicas, Albors incluye propuestas como un inventario de dispositivos, cuentas de usuarios y datos confidenciales. A mayores, llama a “priorizar aspectos como una correcta gestión de identidades”, con mecanismos como gestores de contraseñas claves únicas, especialmente en áreas como el correo, la banca y los servicios en la nube. Incide también en la necesidad de configurar permisos de acceso limitados a recursos o información confidencial o crítica, incorporar un plan de concienciación para la plantilla o asignar una persona responsable y disponer de un protocolo sencillo que indique cómo comunicar un incidente, “sin olvidar que muchos servicios de seguridad gestionados pueden ayudar a las pequeñas empresas y autónomos a gestionar todos estos puntos y proporcionar seguridad con personal cualificado”. “La ciberseguridad no tiene por qué ser compleja ni inasumible para una pequeña organización”, concluyen desde Cybertzaintza. “Aplicar de manera constante unas medidas básicas permite reducir significativamente la exposición al riesgo y proteger tanto la continuidad del negocio como la confianza de clientes y proveedores”.

  • Las defensas globales se consolidan, pero la IA eleva la desconfianza empresarial frente al ransomware
    por Redacción Computing en 5 de noviembre de 2026 a las 08:43

    Aunque la tasa de ataques cae al 18% a nivel global y solo un 3% de las víctimas paga rescates, la inteligencia artificial generativa dispara la preocupación y la desconfianza de las empresas, especialmente en España y Latinoamérica L'articolo Las defensas globales se consolidan, pero la IA eleva la desconfianza empresarial frente al ransomware proviene da Computing.

  • HP nombra a Emma Walmsley como nueva CEO de la compañía
    por Redacción Computing en 5 de noviembre de 2026 a las 08:16

    Bruce Broussard sucederá a Chip Bergh como presidente del Consejo de Administración L'articolo HP nombra a Emma Walmsley como nueva CEO de la compañía proviene da Computing.

  • El fin de los datos lentos: Confluent lanza su arquitectura Streamhouse para alimentar la IA en tiempo real
    por Laura del Río en 5 de noviembre de 2026 a las 08:01

    La compañía de IBM ha presentado en su evento de San Francisco, Current 2026, una propuesta que busca superar las limitaciones de los sistemas tradicionales por lotes y almacenes de datos permitiendo capturar, procesar, gobernar y consultar el estado operativo del negocio de forma continua L'articolo El fin de los datos lentos: Confluent lanza su arquitectura Streamhouse para alimentar la IA en tiempo real proviene da Computing.

  • La ciberseguridad ha creado fatiga de amenazas y eso pone en peligro a las empresas
    en 5 de noviembre de 2026 a las 06:00

    El cibercrimen es una industria billonaria. Según una estadística de NTT Data, su impacto económico anual ha escalado ya hasta los 10,5 billones de euros, una cantidad abrumadora que equivale a unas cinco veces el PIB de España. Solo en España, los ataques subieron en el primer semestre del año en un 45% y la ciberdelincuencia es ya el 20,6% de toda la criminalidad registrada. De hecho, algunos estudios, como el ESET Threat Report H1 2026, apuntan que España es el tercer país con mayor volumen de amenazas registradas. La tendencia global es la de que las amenazas vayan en aumento, que sean cada vez más precisas (la inteligencia artificial vuelve a los cibercriminales más eficientes) y que el golpe se vuelva cada vez más duro para las empresas. Las próximas revoluciones tecnológicas, como la cuántica, harán incluso más complicadas las cosas. La gran cuestión es qué ocurre mientras tanto con los equipos de ciberseguridad de las empresas. ¿Está haciendo esta avalancha de amenazas que se sientan desbordados? “Es cierto que existe un riesgo real de saturación, pero tampoco diría que el problema sea simplemente que los equipos reciben cada vez más alertas, más ataques y más estafas”, responde a COMPUTERWORLD ESPAÑA por correo electrónico Hervé Lambert, responsable global de operaciones de Panda Security. “Creo que el verdadero desafío es que tienen que tomar decisiones sobre un volumen enorme de señales y hacerlo cada vez más rápido”. Esto es, el impacto general para el bienestar de las plantillas de seguridad y para su modo de trabajo está en que las cosas pasan muy deprisa y muchas a la vez. El área a cubrir es cada vez más amplia, pero también lo es el número de potenciales amenazas y la cantidad de avisos que saltan. “Una alerta aislada puede no significar demasiado, pero cuando hay miles de señales y demasiadas notificaciones, muchas de ellas irrelevantes, necesitamos saber cuáles están relacionadas entre sí, si detrás hay algún incidente, cuál es su alcance y qué prioridad debemos darle”, indica Lambert. Los equipos de seguridad deben separar el grano de la paja, pero a una escala que es cada vez más amplia. Así, viven rodeados de una avalancha de estímulos, lo que complica más la operativa, una que es igualmente cada vez más compleja. “No se trata únicamente de que las amenazas sean más numerosas, sino de que son cada vez más sofisticadas y difíciles de detectar”, recuerda Miguel Tena, ingeniero de ventas en Object First. “La IA está acelerando esta evolución”, señala. “A esto se suman las elevadas cargas de trabajo, la falta de personal especializado y la responsabilidad de garantizar la continuidad del negocio ante cualquier incidente”. Hervé Lambert, responsable global de operaciones de Panda Security.Panda Security Un estudio de Sophos de 2025 ya alertaba de que el 76% del personal de ciberseguridad había sufrido en algún momento del año anterior agotamiento profesional y un 69% confesaba que las cosas estaban peor que en los dos años precedentes. Uno de cada cinco había pensado en dejarlo. Ahora, otro análisis de Object First sube las estadísticas. El 91% de la plantilla de ciberseguridad habla de “niveles incómodos de estrés laboral” (frente al 84% del año precedente) y un 70 confirma que la IA está influyendo en ese nivel de estrés (y solo un 24% percibe a su compañía preparada para este reto). Tena señala que, aunque no es lo mismo elevados niveles de estrés que burnout, “un 78% reconoce que el estrés laboral afecta negativamente a su rendimiento y seis de cada diez se han planteado cambiar de empleo o ya lo están buscando activamente”. “Son cifras que deberían preocupar a las organizaciones”, alerta. Lo son porque su equipo es infeliz, pero también porque esto los hace menos resilientes ante ese cibercrimen al alza. “Un profesional que trabaja bajo una presión constante puede tener más dificultades para mantener la concentración, evaluar correctamente una amenaza o tomar decisiones críticas durante un incidente”, señala este experto. Y, con cada persona experta que deja la plantilla, se va un conocimiento ultravalioso para proteger a la compañía. Fatiga de alertas Al tiempo, estos números invitan a preguntarse otras cosas, como si en medio de tantos avisos, amenazas y alertas constantes se está empujando a los equipos de ciberseguridad a un cierto cansancio. ¿Se podría estar causando ya una fatiga de alertas y hasta una desensibilización ante las amenazas? “Sí, y además diría que son dos fenómenos relacionados, aunque no exactamente iguales”, responde Lambert. “La fatiga aparece cuando el volumen de alertas supera nuestra capacidad para analizarlas con la atención que requieren”, explica. Frente a ello, la desensibilización es “un paso más”. “Sucede cuando nos acostumbramos a recibir avisos constantemente y se empieza a recibirlos como ruido de fondo”. Y esto es un problema, uno que las fuentes consultadas advierten que es serio y puede tener consecuencias importantes. Los equipos de ciberseguridad pueden pasar por alto alertas que realmente son cruciales, porque han normalizado recibir ese tipo de avisos, o pueden simplemente perder su capacidad de atención y respuesta, con el cerebro saturado por ese flujo infinito. “En ciberseguridad, donde el tiempo de reacción puede ser determinante, esta situación representa una vulnerabilidad adicional”, indica Tena. “Cuando todo parece urgente, al final nada lo parece”, suma Lambert. Tanto Tena como Lambert creen que estas cuestiones deben abordarse desde la propia estrategia de ciberseguridad. Lambert insiste en que no se trata de “generar más alertas, sino mejores”, reduciendo los falsos positivos, estableciendo prioridades o añadiendo contexto. “El objetivo debería ser que, cuando una alerta llegue realmente a una persona, haya una razón para que le preste atención”, defiende. Tena añade que “debemos dejar de entender la ciberseguridad como una cuestión exclusivamente tecnológica”. Esto es, resulta crucial simplificar procesos o reducir la carga de trabajo humana. La IA, los sistemas de automatización, las copias de seguridad, los procedimientos claros y las demás herramientas TI deben hacer de filtrado, de buffer y de escudo previo. Miguel Tena, ingeniero de ventas en Object First.Object First El eslabón débil El equipo de ciberseguridad es consciente del alcance de todo esto y de su potencial gravedad, pero ellos no son los únicos que viven en un mundo en el que las alertas se suceden y el cibercrimen preocupa. La era del cibermiedo impacta a nivel corporativo y a nivel personal: uno de cada cinco españoles renunciaría por siempre a los dulces si pudiese borrarse de internet y sus peligros, según NordVPN. Según el CIS, un 77,2% de la población teme que accedan a sus datos privados. Las historias de víctimas de cibercriminales, amenazas crecientes, nuevos hackeos y nuevas posibles trampas cibernéticas han saltado de los medios especializados a la prensa generalista. La lista de recomendaciones generales para la población es cada vez más elevada y el miedo a lo que pueda pasar ha ido creciendo en paralelo. ¿Está el usuario final saturado también y llegando a una suerte de fatiga informativa sobre el cibercrimen y las buenas prácticas? “Sí”, responde rotundo Lambert y pone como ejemplo para entenderlo una alarma de un coche en una calle. Si suena una vez, le prestaremos atención. Si lo hace todos los días y muchas veces, ya ni siquiera la escucharemos. “Con la ciberseguridad puede ocurrir algo parecido”. Concienciar es importante y necesario, señala, pero “ahora podemos estar asistiendo al nacimiento de otro problema, que aparece cuando esa concienciación se convierte en una sucesión constante de mensajes de alarma”. La sucesión de cosas a las que hay que prestar atención es cada vez mayor. “Al final es mucha información y, sobre todo, muchos mensajes que reclaman continuamente nuestra atención”. Como señala este experto, la avalancha constante de recomendaciones hace que ocurra algo muy humano, que dejemos de procesarlo como hacemos con la alarma que suena todas las tardes. A Lambert también le preocupa que se descargue demasiada responsabilidad en los usuarios finales, a los que se pide que sean capaces de identificar como amenazas mensajes cada vez más sofisticados y más difíciles de diferenciar. Todo este estado de las cosas puede hacer que seamos mucho más vulnerables. “Pensemos en cuántas decisiones digitales tomamos casi sin darnos cuenta a lo largo del día”, cuenta. “No analizamos cada una de esas acciones desde cero porque sería imposible funcionar así”. Si lo hacemos con cansancio o saturación, es mucho más probable que apliquemos el automatismo y que lo comprobemos todo menos. “Los ciberdelincuentes lo saben”, confirma. A más fatiga informativa, más fatiga de alertas, pero también más vulnerabilidad ante un ataque. Y esto importa para el usuario final, pero también para los equipos de ciberseguridad de las empresas. Si se quema al usuario, que es también ese trabajador corporativo al que llegan los ataques de phishing o malware, se puede crear un contexto en el que es más fácil que caiga. “Es un riesgo que no debemos pasar por alto”, advierte Tena. “La ciberseguridad es una responsabilidad compartida y los empleados desempeñan un papel fundamental en la prevención de incidentes”, señala. La concienciación continua es crucial, pero también lo es hacerla sin convertirla en algo rutinario que el cerebro apaga. “No debería basarse únicamente en recordar constantemente los riesgos o trasladar toda la responsabilidad al usuario”, advierte este experto, que recomienda una “formación práctica, clara y adaptada a las amenazas reales” y “sistemas de protección que reduzcan las consecuencias de un posible error humano”. “Debemos asumir que incluso un empleado bien formado puede equivocarse y que ninguna estrategia de prevención es infalible”, señala. Es algo que también defiende Lambert. “No podemos construir la ciberseguridad de una empresa sobre la atención permanente de las personas”, señala. “Ni el empleado va a identificar siempre un intento de phishing ni un analista puede revisar manualmente cada señal que genera la organización”. Eso solo sobrecargaría el sistema, pero también lo haría más vulnerable. “Si el sistema depende de que todos acierten todo el tiempo, tenemos un problema de partida”. Además, no solo se trata de formar, sistematizar, aliviar y predecir, sino también de testear. “Hay una parte que a veces olvidamos, que es la de medir si todo esto funciona”, recuerda Lambert. No vale con saber simplemente números totales, como cuántos han hecho ese cursillo o cuántas alertas saltaron. “Interesa saber cuánto tardamos en detectar un incidente, cuántos falsos positivos estamos generando, cómo responde un empleado ante una situación real o cuánto tiempo dedica el equipo a tareas que podrían automatizarse”, defiende. “Esas métricas nos dicen mucho más sobre la capacidad real de una organización para responder”.

  • Texas was the new epicenter of the AI data center buildout. That might be kaput.
    por James O'Donnell en 4 de noviembre de 2026 a las 18:50

    Texas is the fastest-growing data center market in the US and ground zero for Big Tech’s largest AI buildouts. But the blue wave that swept the Lone Star State may jeopardize that position. Democrat James Talarico won the US Senate seat against Ken Paxton. Gina Hinojosa won the race for governor against the Republican incumbent,…

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